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vida media

Hacen falta menos de 140 caracteres para definir a Twitter de hecho: brevedad. Una característica que hizo popular a la red social y que, ahora, muchos se preguntan si marcará también sus años de vida. Los problemas de rentabilidad, el cambio constante de directivos y la feroz competencia, están dejando en muy mala posición a la red de microblogging.

Twitter no crece al ritmo que a los mercados les gustaría y cada vez son más los que apuntan a una compra o fusión de la empresa. Una red social no deja de ser un negocio por lo que, más allá de su popularidad entre los usuarios, debe saber cómo recaudar dinero. Dicho de otra forma: convertir sus millones de usuarios en millones de dólares.

Cuesta creer que Twitter, allá por 2013, marcara la segunda mejor salida a bolsa de la historia de internet, y ese no es su único mérito. Twitter se ha sentado en la primera fila de algunos de los sucesos históricos más importantes de los últimos años. Tuvo un papel determinante en las revueltas de la Primavera Árabe, fue el medio con el que la NASA anunció que había encontrado agua en Marte y unió a todos bajo el hashtag #JesuisCharlie, cuando se produjo el atentado en París contra la revista Charlie Hebdo.

Entonces, ¿por qué no encuentra su lugar? Sin duda, las nuevas redes sociales suponen una de las amenazas principales. Si brevedad es la palabra que mejor define a Twitter, podríamos decir que fugacidad es la perfecta para Snapchat. La joven red social, que llegó a nuestros Smartphones en 2010, ha plantado cara a las veteranas y su popularidad aumenta de manera imparable. Lo cierto es que ninguna empresa de internet es inmune al paso del tiempo y mucho menos a los cambios de mercado.

Desde que comenzó el auge de las redes sociales hemos sido ampliamente advertidos de que nuestras acciones en internet tienen consecuencias. Seguro que alguna vez has escuchado: “No cuelgues esa foto que la puede ver tu jefe”, “no des tanta información por internet” o “mejor pon una foto más profesional, siempre miran tus redes sociales antes de contratarte”.

Hubo un momento en el que la información sobre privacidad era escasa, así que los usuarios compartían fotografías no muy decorosas y algo comprometidas con el resto de sus “amigos”. Así, tus 10 íntimos y los otros 500 conocidos podían saber que hiciste el sábado por la noche. También, ese otro internauta que había llegado por casualidad hasta tu perfil.

Esto pronto cambió y la privacidad empezó a adquirir más y más relevancia: los usuarios cambiaron sus nombres, privatizaron sus cuentas y, en general, compartieron menos información con el basto y ancho mundo de internet. Con las nuevas redes sociales no hay que darle tantas vueltas. Snapchat supone el fin de la huella digital, además no se queda ni con tus datos (Facebook, Google), ni con tus fotos (Instagram). Los usuarios más jóvenes buscan ahora pasar sin dejar rastro, con mensajes que se destruyen en cuestión de segundos.

La historia no es nueva, lo que le pasa a Twitter ya les pasó a otros. Mantener la relevancia en un entorno donde la gente se aburre demasiado rápido de las cosas parece tarea imposible y lo peor que te puede pasar es que ya no le importes a nadie. Messenger, Yahoo o MySpace saben bien de lo que hablo.

Yahoo existió antes que Google -sí, eso es posible- pero no ha conseguido sobrevivir al gigante de los buscadores. Malas decisiones y peores consejeros llevaron a la empresa, la misma que un día hizo temblar Microsoft, a registrar pérdidas de 536 mil millones de dólares. La tecnológica lanzó varios servicios que no consiguieron destacar demasiado, a excepción de su buscador, que parecía un negocio rentable. Sin embargo, los usuarios tenían que aguantar una cantidad inhumana de banners. Además, Yahoo no dio una con sus compras, rechazó comprar Google y Facebook, cuando pudo, y adquirió Flickr y Tumblr, dos auténticos fracasos que se tradujeron en pérdidas millonarias. Al final, y al borde de su cierre, la compañía Verizon adquirió Yahoo en julio de este año.

De la misma forma que Google le ganó el pulso a Yahoo, MySpace sucumbió ante Facebook. La empresa californiana, fundada en 2003, tuvo un éxito inmediato y todo el mundo quería abrir una cuenta. Además, artistas como Lilly Allen y Artic Monkeys se dieron a conocer a través de la red social. Cuando estaba en lo más alto llegó el magnate Rupert Murdoch y la compró para transformarla en algo que no convenció a los usuarios que, hartos de la publicidad que poblaba el sitio, emigraron a Facebook. Y como la vida da muchas vueltas, MySpace acabó en manos del cantante Justin Timberlike en 2011. Ningún esfuerzo ha conseguido salvarla.

Otro icono que llegó a su irremediable final fue Messenger, que se convirtió en un símbolo de internet a finales de los 90 y principios del 2000. El servicio de mensajería fue absorbido por Skype en 2013, para entonces había acumulado unos más que dignos 15 años. Su existencia dejó de tener sentido cuando Facebook y WhatsApp aparecieron en escena para acabar de forma definitiva con un servicio que ya tenía muchos problemas.

Los bombardeos de anuncios, los fallos de seguridad, el spam y la incompatibilidad con algunos sistemas operativos llevaron al servicio a su inevitable final. Lo único claro es que, en un momento en el que los ordenadores personales e internet se hacían hueco en las casas, Messenger llegó justo a tiempo y encontró su lugar.

La corta vida de las redes sociales no permite saber con seguridad que pasará con ellas en el futuro. La experiencia nos dice que la mayoría se perderá en el limbo digital y acabara siendo un bonito recuerdo, algo de lo que hablaremos con nostalgia. El avance de la tecnología obliga a las empresas de internet a estar muy alerta y a innovar continuamente, sus dueños saben mejor que nadie que dar las cosas por hecho en el entorno digital supone el ocaso de su éxito. 

Beatriz Díaz

Es periodista, especializada en información de agencia. Ha escrito en una revista, disfrutado en la radio y trabajado en la delegación londinense de una agencia de prensa. Sus pasiones: la comunicación, la redacción y la lectura, pero, sobre todo, hablar de experiencias y compartirlas, para darles vida a través de las palabras.

 
 

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